22.4.14

dejamos que me fuera

Podría decirte que fuiste vos
Que me dejaste ir
Que se te olvidó prestarme atención
Ni siquiera una mirada de reojo

Podría decirte que fui yo
Que me quise ir
Que se me olvidó pedirte algo de amor
Ni siquiera me ocupe de decírtelo

Pero en verdad fuimos los dos
Dejamos que me fuera
Y me voy porque nos descuidamos
Se nos olvidó no ceder a la pereza

17.4.14

la sonrisa de papá

Imagino que tu primera sonrisa se la llevaron tus padres
Y sé que tus amigos te han visto reír a carcajadas
También tenés pasiones que te habrán hecho muy feliz
Y sé que alguna mujer patentó tus sonrisas de placer
Incluso a mí, cuando nos conocimos, me dedicaste una
Pero ni tus padres, amigos, pasiones, amantes y amores,
Han visto alguna vez, la sonrisa que hoy se ganó tu bebé.

3.4.14

nueva antología

Una antología más en casa.

Hermosa la devolución de Leila Mariet sobre mi poesía seleccionada: "Todo por un respiro. Un pequeño gesto tan cotidiano, que nos permite la vida, parece ser suficiente para inspirarte y eso es algo que he de admirar profundamente. Quiero darte las gracias por permitirme, y permitirles a todos, leer tus hermosas palabras. Seguí buscando ideas hechas verbos, respirando para vivir, y permite siempre que tus vocablos se vuelvan letras." Leila Mariet.

¡¡Gracias Editorial Dunken!!


27.3.14

¿qué importa?

Suena esa canción que tanto me gusta, que tantas veces escuché.
Cierro los ojos.
Con la piel recuerdo aquellas caricias, hay sensaciones inolvidables.
El agua está lista.
Me detengo en los árboles que asoman coquetos por la ventana.
La mente ya se fugó.
Ahora, al ritmo de la música, dejo que el cuerpo también se escape.
Tomo un mate.
De todo lo que tengo, ellos, vos y yo, es sin dudas, lo mejor.
Me relajo.
La suerte ya está echada, y vaya que hasta acá, he tenido suerte.
Respiro.
Estoy viva, ¿qué importa el resto, si con lo que tengo ya gané?
Afuera hay mundos, pero el mío es un lindo lugar para permanecer.

17.3.14

correr. escribir. vivir.

Entonces empezás a escribir. Y es como si te escaparas en una escena de persecución. Te persigue. Corrés. Corrés. No vas a parar de correr aunque ya no puedas respirar. Te falta el aliento y seguís, nada te detiene. Es tu vida. ¡Es la vida, carajo!

Los pensamientos van a la velocidad de tu cuerpo atravesando el tiempo. No tenés la más remota idea hacia dónde te dirigís. Solamente corrés. Pensás, sí. Y mucho. Mientras corrés te das cuenta que estás vivo. Ha pasado tanto, es tanto lo que te ha sucedido, bueno y malo. Y seguís corriendo porque querés vivir más. La realidad son vallas que más de una vez te han quebrado la pata, pero no te importa. Querés seguir corriendo, querés seguir viviendo.

En esta carrera no hay estrategia. Tenés muy poco claro qué querés o qué tenés para decir, porque lo único que hacés es escribir. Para salvarte. Así como corrés. Intentaste hacerlo de otra manera antes, pero llegaste hasta el límite y entendés, una vez más, que escribís para sobrevivir. Corrés para no morir. Te persigue, sí. Pero tenés fe de que no te va a atrapar.

Respirás hondo, te acordás cuando eras pendejo. Ya el cuerpo no es el mismo, pero seguís corriendo y hasta quizás te salves. ¿Será que acaso entendiste que habría que agradecer el paso del tiempo y no quejarse de él? La vejez es un signo de la vida. Hay que saber interpretarlo. Significante y significado.

Solamente corrés. Te escapás. Escribís para no pensar. O para acomodar las ideas. Corrés para salvarte, para que no te atrape. La persecución tiene que terminar. Vas a correr hasta donde te alcance el aliento. No te vas a vencer. ¿No vas a parar, verdad? Si te frenás, se acaba. Entonces empezás a escribir. Corrés. No das más. Pero sí, es el último esfuercito. Estás cansado, sudado, asustado, preocupado, desorientado, desolado. Pero estás vivo. Y lo sabés. Entonces, hasta que te alcance el último suspiro, como si fuese él quien te persigue, vas a seguir corriendo. Vas a seguir escribiendo. Vas a seguir viviendo.

6.3.14

mundos y perspectivas

Hay muchos mundos, casi tantos como los que se nos escapan.
Con la percepción enclavada en el semicírculo diminuto, que vemos parados de frente al universo, ignoramos los otros.
Girar.
Mirar alrededor.
Observar.
Entender.
Renacer.